miércoles, 24 de diciembre de 2014

FELIZ NAVIDAD!!

Bonjour à tout le monde!!

Desde casa y en vacaciones,
no me olvido de todos aquellos que me seguís y pasáis buenos momentos con mis vivencias.


Mis mejores deseos para estos días y para el año que comenzaremos en breve.


Feliz Navidad y Próspero Año 2015!!!

Bisous!!!

Juliette

jueves, 18 de diciembre de 2014

Noche de sorpresas (23)



-¡Diez minutos y a la pista, chicas!

De las mayores locuras en las que yo me había visto involucrada con Nathalie, que no eran pocas; sin duda aquella se llevaba la palma. ¿Cómo diablos me había dejado convencer y qué diantre hacía con aquel mono de cuero rojo cubriendo mi cuerpo?.

Eran las 3:30 de la madrugada aproximadamente y estábamos en una de las discotecas más populares de París, de nombre…bueno, qué más da eso. El caso, es que la sala estaba a reventar y el miedo escénico, que ahora sé que existe, vamos que si lo sé, me tenía atenazada.

- Tomate esto-. Dijo Nathalie ofreciéndome una copa.

- Sabes, que solo bebo en contadas ocasiones.

- No repliques y tómatelo. Es un Gintonic y creo que lo vas a necesitar. Yo acabo de tomarme uno.

- ¿Te he dicho que te voy a matar?-. Dije, mientras tomaba aquella copa que me quemó las entrañas.

- No hará falta que me mates si me da un infarto antes; pero como no queda nada para salir al escenario, déjalo para más tarde…

Lela debía encontrarme aquella tarde, en la que Nathalie apareció por casa buscándome desesperada mente. Yo, que me había llevado algo de trabajo ese día y estaba realizándolo en ese momento me vi interrumpida cuando tras un sonoro portazo  un “Juliette” llegó a mis oídos con fuerte estrépito. Lo siguiente fue ver su bolso volando por encima de mi cabeza para terminar sobre el sofá.


- Necesito que me eches una mano, por favors´il te plaît…s´il te plaît … s´il te plaît..-. Dijo aposentando los codos y juntando las palmas de las manos como si fuese a rezar sobre mi mesa de trabajo

- ¡Ahora no, Nathalie!. Luego hablamos…-. Le imploré, pero como me puede la curiosidad y la puñetera, sabe poner esa carita de niña pequeña desvalida, terminé escuchándola y con un beso en la 
mejilla por su parte.

- ¿Te he hablado alguna vez de mi amiga Aina?.

- ¿Aina…, la de Yoga, la que es stripper?..
- La misma…bueno, pues….verás…eh; resulta que el otro día quedamos para tomar algo y me comentó que le había surgido un bolo, y que necesitaba una chica para bailar y tal…

- ¿….Y tal?...¿Define “tal”?.- Dije escrutando su mirada.

- Y tal…bueno…, un bailé y un numerillo lésbico..de nada…

- Ay…, la madre que te parió…Nathalie.

- Casi me lo suplicó, Juliette entiéndelo… es mucho dinero y le hace falta y verás, a mi no me viene nada mal…además, vamos con la cara tapada.

- No me lo puedo creer. Y en qué puedo ayudarte; sorpréndeme…

- Aina se ha caído ensayando y se ha roto la pierna…ya sé que es muy tópico, pero la realidad supera la ficción-. No quería saber más pero hubo más.


- El promotor de la sala me ha dicho que todo está ya preparado. Que no le importa quién la supla pero que el número debe hacerse, porque si no, debemos correr con los gastos ocasionados ya que figura en el contrato.

- Definitivamente estáis chiflada...


- Por favor...Es solo bailar y jugar. Sera divertido. Además Aina, te da su parte del dinero


- No, no y no…

Llegamos a sala a las nueve de la noche y el coreógrafo me enseño los movimientos. La verdad es que me gusta bailar y hasta me lo estaba pasando bien.

- Esta noche vais a quemar la sala-. Dijo complaciente aquel tipo con una pluma que tiraba para atrás.

Se apagaron las luces y un cañón de luz iluminó a presentador de la actuación que no era otro que el coreógrafo de antes. El público se sumió en un breve silencio que se fue rompiendo clamorosamente a la par que este iba presentado la actuación.

Nathalie y yo nos miramos resignadas y ocupamos nuestros puestos mientras nos colocábamos los cascos, con cuidado de no estropear nuestro peinado.

La pista quedó cubierta por una espesa capa de humo blanco y un potente foco, con una luz blanca cegadora que se encendió a nuestras espaldas, recortando nuestra figura. La gente presente comenzó a jalear y aplaudir cuando Nathalie puso en marcha una Honda VFR800F de color rojo cuyo rugido levanto el griterío a todos cuantos allí se encontraban, los cuales empezaron a enloquecer mientras recorríamos la sala en círculos.

Me sentía poderosa en ese momento y me agarre bien a la cintura de mi amiga que pilotaba enfundada en un mono de motorista negro ajustado que le iba como un guante.

Dejamos la moto en el fondo de la pista, por donde salimos, junto al foco de la potente luz blanca recortando la silueta de esta, creando una sombra perfilada que se propagaba desde atrás. Apagamos el motor y la discoteca volvió a su juego de luces habitual, mientras los Dj’s subían el volumen de la música en una nueva sesión de baile.

Nos acercamos al público los cuales no paraban de animarnos. 


Nuestros cuerpos se movían al ritmo compulsivo de la música en un baile sensual. Llegado a un punto álgido me coloque en el centro de la pista con Nathalie y en un abrir y cerrar de ojos tirando de la apertura de velcro que se situaba en el cuello y que recorría todo el mono, este se abrió hasta quedarnos desnudas de torso y espadas, con nuestros pechos a la vista de todos.

No podíamos ver bien el rostro de la gente a causa de los focos pero el ruido fue atronador en ese instante y no menos cuando haciendo lo mismo con el resto del mono quedamos en tanga expuestas a los ojos de cuantos nos miraban.

La música sonaba cada vez más fuerte o eso parecía. Nos decían mil y una cosas…nos gritaban al unísono. Caían camisas y jerséis de hombre sobre nosotras.

Nathalie se arrastraba por el suelo, reptando como un soldado cuerpo en tierra hasta las personas de la primera fila, los cuales extendían sus brazos para intentar tocarla, mientras que yo, hacía exactamente igual en el lado opuesto. Algunos me agarraban de la mano y tiraban hacia ellos pero ágilmente me escabullía de sus pretensiones y continuaba bailando

Tomé una silla dispuesta a tal efecto y la llevé al centro de la pista. Con cada paso la capa de humo se abría ante mí como si de una niebla se tratase y notaba…, casi podía sentir, como las miradas se clavaban en mis nalgas vibrantes, a cada impacto de mis botas contra el suelo.

Sobre la silla dispuse un consolador con ventosa que se adhirió a esta perfectamente , me situé justo de tras mientras las luces se apagaron y la música paro un segundo. Un segundo, que sirvió para quitarnos los cascos y soltarnos el pelo a la par que nos colocábamos unos antifaces con los que ocultar el rostro; luego volvió la luz y la música.

La gente vociferaba y animaban nuestros movimientos.

Eché lubricante sobre el consolador y simulando que lo masturbaba extendía esa sustancia aceitosa sobre el
. Nathalie por su parte jugaba a que le hacia una felación y así de espaldas al público exponiendo su trasero estos extasiaban ante nuestro número. 

Suavemente le extraje su tanga y exponiéndolo en el aire en círculos, grite:



- ¿Quién lo quiere?...-. la gente se volvió loca. Todos deseaban aquel tanga.- ¡ Vamos, no se escucha!. ¿Quién lo quiere?...-. Y lo lancé con fuerza, volando sobre las cabezas hasta dar con algún afortunado que se llevaría como reliquia.

- ¡El tuyo, guapa…ahora el tuyo….!.- Vociferaban

- ¿Lo queréis?....¿lo queréis?...-. Y quitándomelo picaronamente Nathalie , lo Lanzo al lado opuesto, donde otro afortunado lo gano para él. En eso que volviendo la silla inició un juego en el que se lo iba introduciendo hasta meterlo en su totalidad.

Me senté sobre las rodillas de Nathalie y esta agarró mis pechos mientras mi melena danzaba a son del ritmo y mi cuerpo se arqueaba apoyando mi nuca sobre sus hombros, y la espalda sobre sus pechos.

Giré mi cuerpo de forma rápida sobre mis tacones y aposente mi rodilla sobre la pista quedando mi cara entre sus rodillas, besándolas, mordiéndolas y comenzando un sendero con la lengua, desde el interior de sus muslos hasta su sexo ocupado por aquel consolador.

Apoye la planta de mi pie derecho sobre la rodilla de mi compañera de baile, elevando de esta forma mi pierna y quedando mi sexo a la altura de su boca. Con mi mano, agarre fuerte su melena larga y rubia, acercando su boca, el resto lo hizo su lengua y sus dedos.

Estaba más excitada de lo que podía esperar e incliné mi cuerpo hacia atrás apoyando mis manos sobre sus rodillas dejándome hacer. Su lengua vivaz hacía lo que otras tantas veces hizo, sin el menor reparo por la presencia de la gente. Y como en otras tantas veces alcancé un orgasmo difícil de describir, mientras ella con esos movimientos sobre la silla lograba también el suyo justo en el instante en que la luz y la música comenzó a dar por terminada nuestra actuación.     

viernes, 7 de noviembre de 2014

Noir (22)


Acababa de terminar la jornada en el hotel cuando un mensaje llegó a mi teléfono.

“Etienne”

“Avd. Fontaine 73…. Apartamento 27… 22:30h no te demores”

El mensaje me cayó encima como una pesada losa ya que el día había sido de lo más agotador. Deseosa, como estaba por llegar a casa, ducharme y tomar un relajante té, aquél mensaje trastocaba mis planes. Y por qué negarlo estimulaba mis sentidos.

Hacía tiempo que no sabía nada de Etienne. De hecho su enigmática figura siempre aparecía y desaparecía sin previo aviso.

Si quería llegar a tiempo a la cita propuesta, debía recorrer un largo trecho y disponía de algo menos de una hora. Para desdicha mía, mi coche se encontraba en el taller para realizarle la revisión anual, así que recurrí a un taxi.

Con paso apresurado me dirigí de vuelta a mi trabajo, deshaciendo mi camino. Mis tacones repiqueteaban rítmicamente sobre el enlosado de la ciudad llenando con cada paso el silencio de los bulevares por donde pasa. La falda de talle alto gris dificultaba mi caminar acelerado. La carpeta que portaba tampoco ayudaba a tal efecto. Como esperaba en la puerta principal del hotel siempre había un taxista esperando algún cliente.

Subí en el vehículo y le comuniqué al chofer mi destino.

45 minutos más tarde me encontraba frente a la puerta del apartamento citado.

Llamé al timbre; no sonaba. Golpeé con mis nudillos la puerta; nadie abrió.

Fue un momento de incertidumbre hasta que mi teléfono volvió a sonar.

“Etienne”

“Debajo de la felpudo encontraras una llave. Abre, entra…Dúchate y ponte la ropa que te he dejado sobre la cama”.

Miré bajo mis pies y vi un viejo felpudo. Debajo de este, encontré la llave de la que me hablaba. La introduje en la cerradura y abrí la puerta.

Se trataba de un moderno apartamento con amplias ventanas y suelo forrado con tarima flotante. Estaba cálido pues la calefacción estaba encendida. El estilo minimalista estaba llevado a la máxima expresión ya que no había ningún mueble al uso, salvo la cama que ocupaba el centro del salón. Por no haber, no había ni tan siquiera un cuadro que adornara las paredes desnudas, de un blanco inmaculado que proporcionaba tanta amplitud como frialdad.

Al fondo a la izquierda se vislumbraba un baño, con la puerta abierta y la luz encendida que invitaba a entrar.

Cerré tras de mí, la puerta de la entrada.

Desnude mis pies, dejando los zapatos de tacón tirados sobre el suelo de la estancia y fui hacia el baño. Repare en que, como Etienne me dijo, sobre la cama había un conjunto de ropa.

Ya en el baño, pude observar como un enorme espejo ocupaba toda una pared, reflejando la bañera y a mí misma. Y como, una copa y una botella de vino se me había dispuesto para la ocasión.

Cuidadosamente taponé la bañera, llenándola de agua. Me fui quitando la ropa pensando en que mi enigmático amigo aparecería en cualquier momento y me introduje en ella. El agua caliente y la espuma embriagaron mis sentidos, el resto lo hizo el vino.

La idea de que Etienne aparecería en cualquier momento se fue disipando, ya que pasaba el rato y no sabía nada de él. Tentada estuve en llamarle o escribirle pero no lo vi oportuno.

No sé cuánto tiempo pasó, pero supongo que el suficiente para dar mi baño por terminado.


Cubrí mi cuerpo con una toalla y dejando un pequeño reguero de agua como huellas, llegué junto a la cama del amplio salón.

Deje deslizar la toalla que cayó como una fruta madura a mis 
pies dejando mi cuerpo completamente desnudo. Tomé la ropa que me había dejado preparada. Un corsé negro de látex que cubría parte de mi espalda hasta la altura del trasero y por delante mi abdomen. Este se sujetaba por unas tiras a la altura de mi estómago y unas trinchas en el costado izquierdo, dejando mis pechos desnudos. Luego una braguita también negra y también de látex, que disponía de un cierre de cremallera que recorría la entrada hacia mi sexo. Por último un ligero y unas medias negras.

La sensación del látex fue tremenda. Pasando primero del frío de su primer contacto, a el calor de mi cuerpo. Su adherencia era tal a la piel, que aun vestida parecías estar desnuda.

Me tumbé sobre la cama. La cual estaba cubierta solo por una sábana Y el sueño empezó a embargarme. Cuando algo rozó mi frente. Abrí los ojos súbitamente por sorpresa .Una rosa de un rojo sangre acariciaba mi frente y aromatizaba mi olfato.

- Lo bueno se hace esperar, Madeimoselle-. Y un beso se estampó contra mi boca sufragando cualquier respuesta.



Ahí estaba, con la fuerza en su mirada de siempre. Con esa presencia, que enarbolaba mis deseos y lujuria. Con su voz, que aturdía los sentidos. Ahí estaba, como otras veces, otra vez para mí.

Quise abrazarle pero sus hábiles manos lo impidieron arrastrando mis muñecas hacia la espalda.

Me besaba con pasión, recorriendo con su boca mi cuello, mi cara, mis pechos... Arañaba con su barba mis mejillas. Mi boca luchaba por encontrar su boca. Mis labios eran atrapados por mis propios dientes, tan fuerte, que sabor a sangre me dieron.



Se separó de mi y quedó de pié junto a la cama. Se desnudó completamente y yo sin mediar palabra, le observaba deseosa de ser poseída.

Sus manos agarraron fuerte mis muñecas las cuales no objetaron reproche alguno. Echando su cuerpo sobre mi brazo derecho me lo inmovilizó. Torpemente intente posicionarme más cómoda pero con su fuerza me lo impidió. Me esposó al cabecero de la cama. Luego tras las manos llegaron las piernas.

Estaba completamente inmovilizada formando una equis sobre aquel lecho. Me sentía abandonada a su deseo y entregada, a mi misma, para satisfacer el mío.


 -Soñaba con tenerte así; quieta e inmóvil. Observando esa piel blanca que tanto me excita. Viendo como elevas el abdomen en cada respiración y toda mía.

 - Toda tuya?. Te lo has creído.- Y diciendo esto bloqueó mis palabras con un beso que me heló la sangre y quemó mi boca.

Mi cuerpo serpenteaba como una maldita víbora sobre la cama mientras sus extremidades me rodeaban sin mayor escapatoria que la de vender cara mi piel.

El peso de su cuerpo recalaba sobre mí. El roce de su miembro trastabillándose contra mis muslos y su boca se embriagaba de la mía. Ambas muñecas luchaban contra las esposas. Y gracias, a que estas se encontraban forradas, las marcas dejadas sobre mi piel no me produjeron heridas; poco más podía hacer que una rendición sin condiciones.


Su miembro se introdujo en mi cavidad bucal, primero despacio y cada vez más profundo. El oxigeno entraba con dificultad pero el suficiente para no sentir la sensación de ahogo. Lo entraba y lo sacaba compulsivamente. Mientras abría la cremallera de mi braguita dejando expuesto mi sexo a su boca. Me moría de placer y de ganas de que me penetrara. Las mejillas me ardían y mis pechos endurecidos deseaban ser presionados por unas manos que no podía usar.

Su lengua me recorría y entraba en mi.

- ¡Follame… por favor…!-. ¿Lo dije o sólo lo pensé?. No, nunca pronuncie tales palabras pero así me vi, suplicándole entre palabras mudas pues tal era el deseo que encerraba ese momento.

Cuando hubo acabado y se sació de practicarme el oral. Se colocó entre mis piernas frente a mí. Tomó el par de almohadas que teníamos y las situó bajo mi espalda a la altura de las caderas. Mi pubis, así como el abdomen quedo elevado y mi cuerpo formando un arco. En esa posición la penetración sería totalmente plena. Como así fue.


No lo hizo con prisas. Más bien todo lo contrario. Se tomó su tiempo. Tiempo que me pareció eterno. Luego, la fue introduciendo lentamente hasta que sus testículos chocaron contra mí. La sensación de plenitud fue total. Los jadeos sordos comenzaron a golpear sus oídos mientras Etienne se mantenía erguido, de rodillas entre mis piernas abiertas y esposadas.

Las embestidas eran rápidas y fuertes. Sus manos se posaron sobre mis desnudos pechos asomando mis pezones entre sus dedos que se clavaban en ellos. Mis ojos se cerraban ante el empuje que su sexo ejercía en el mío. Perdí la cuenta de mis orgasmos…

El sudor le caía por la frente, su torso brillaba sudoroso. Quería acariciárselo pero aquellas esposas lo evitaban.

Sacó su miembro erecto y sumamente duro de mí. Se quitó el preservativo quedandole el miembro desnudo sobre mi pubis. Solo tuvo que tocarse un par de veces y su semen surtió como si de una fuente se tratase, cayendo sobre el corsé de látex y sobre la braguita negra, creando así un reguero que terminó sobre las sabanas.

Cayó sobre mí con la delicadeza de una hoja seca del árbol y me besó suavemente .Y así, juntos quedamos profundamente 
dormidos.

Cuando desperté, además de su ausencia en la cama, me encontré liberada de mis ataduras y en compañía de una rosa roja dispuesta con una nota. 

“Como siempre un placer sublime, petite…..”

Etienne.-

martes, 9 de septiembre de 2014

Moldeándonos (21)




Presioné el “off” de la máquina de correr y tomé agua de mi botella. Era tarde, muy tarde y el vaho que desprendían los cuerpos sudorosos impregnaba los cristales de la sala.

Me dolían los brazos y las piernas... me dolía todo. Que bien, pensé, cuando acabas un sesión dura y llevas tu resistencia al límite. Cuando el entreno, te hace creer que no puedes más y sacas esa fuerza que te empuja, en parte por orgullo y amor propio, en parte por ese deseo de superación.

Restregaba la muñequera de mi brazo ya empapada por la frente. El sudor impregnaba mi cuerpo y las gotas se deslizaban sobre la piel creando surcos que se difuminaban en la ropa.

Ya no quedaba nadie y las luces se iban apagando a mis espaldas en la sala de fitness. Las chicas ya se marchaban y el ruido de los secadores de pelo omitían el hilo musical.


Tomé una toalla de mi bolsa, así como el gel y el shampoo de mi neceser. Me deshice del suéter “nike” adherido al cuerpo a causa del sudor y las mayas negras. Con primor, me quité las zapatillas desanudando los cordones, dejando así, sobre mi cuerpo desnudo solo el tanga. Lié, la toalla rosa en torno a mi, púdicamente, y me encaminé hacia a la ducha.

Giré la llave del agua y esta comenzó a salir con fuerza. Primero comenzó a salir fría hasta que fue alcanzando la temperatura adecuada. Me quité la ropa interior, entre tanto y la coloqué en la esquina superior lateral, junto a la toalla.

El agua manaba caliente, entonces y deseable. Mis cabellos, se dejaban mimar entre mis manos . El shampoo desprendía un agradable olor y la espuma se desparramaba entre mis pechos y por mi abdomen.

El ruido ocasionado por el motor de los secadores se fueron apagando y la música volvió a escucharse. Las chicas se fueron marchando y yo disfrutaba de mi merecido baño.

  • No me esperas-. Escuche a mi espalda. Y unos brazos suaves y fuertes rodearon mis caderas
  • Pensé que aun no terminabas-. Repuse
  • Pues ya ves que sí...reconocería ese tanga entre mil y lo has puesto ahí como reclamo, malvada. ¿No te importará que me duche contigo?.

Nathalie me volteó con sutileza y sus labios se estamparon juntos a los míos. Su cuerpo estaba aun con la ropa interior que no tardó en empaparse con el el agua a la par que sus cabellos. Ropa intima que al empaparse dejaba translucir su sexo y sus pezones que se intuían erectos y duros.

Me empujo contra la pared de la ducha sacándome de chorro de agua, tomando así mi lugar y sosteniendo con fuerza las muñecas oprimiendo el dorso de mis manos contra la los azulejos blancos.


Intenté zafarme de estas que me atenazaban pero mis fuerzas escaseaban. Sus dientes
 mordisqueaban mis labios y los estiraba. Su lengua vivaz recorría sin reparo mi cuello y se apoderaba de mi boca. Mi aliento se topaba con su aliento. Mi deseo despertaba entre el suyo y deseaba más....más y mucho más.


Mis pechos era mas suyos que míos. Mi excitación que era nula hasta ese momento se torno endiabladamente feroz y lasciva. Volví a intentar liberar mis brazos pero no podía. Entonces ella me liberó y pude tan solo, arañar la pared dejando la huella de mis dedos sobre ella recorriéndola.

Acerté por fin a reaccionar y arranqué su tanga fucsia o “rosita putón” como ambas le llamábamos, que se desprendió de su cuerpo sin esfuerzo.

Mis dientes se clavaban en ella. Sus uñas como agujas de acupuntura se insertaban en mi carne. Mis pechos marcados por las hendiduras dejadas tras sus presión punzante eran enjugados por la humedad de su lengua.

Parecíamos dos boxeadores peleando en un mismo cuadrilátero, en un combate de pasión sin reglas. Las piernas que flaqueaban, doblándose sobre si mismas, me hicieron caer, postrándome de rodillas ante ella.

Levante su pierna derecha apoyándola a la altura de la rodilla sobre mi hombro izquierdo. Su sexo quedó abierto y expuesto. Mi boca se abalanzo sobre el. Mi lengua recorrió cada pliegue de su ser. Dulce y salado...relamía y chupaba cuanto mi deseo me empujaba.

El rumor del agua al caer se enriquecía de su gemidos. Estaba desatada,deseosa y fuera de mi.

Ahora era ella quien se sostenía apoyando sus manos sobre la pared de la ducha. Con su cabeza en hiperextención hacia atrás el pelo por los hombros, cayéndole el agua por sus pechos endurecidos.

Mi dedo medio e indice se introdujeron en ella. Entrando y saliendo en premeditados movimientos, mientras mi pulgar flotaba junto con mi lengua su clítoris henchido.

Su respiración, se fue entrecortando. Sus jadeos, antes tímidos se hicieron, cada vez, mas sonoros en incipientes. Su vientre se elevaba y descendía cabalgando sobre mis dedos empapados de ella. Su ojos parecían retorcerse sobre sus órbitas ocultándose tras sus pestañas mojadas. Entonces en pleno éxtasis sus piernas no resistieron mas y sedieron, cayendo como una fruta madura sobre mi. Su boca buscó mi boca. Ya sin la misma fuerza, sólo con el rescoldo de un último aliento. Sus manos buscaron mi vientre y no tardando mi sexo...el cual, la esperaba.

Sus dedos entraron en mi. Me ardían la venas, la sangre bullía amotinándose dentro de mi. Mi cabeza, se nublaba; mi mirada se perdía. Mi cara descansaba sobre su hombro y mis ahogados gemidos se perdían en sus oídos.

Me encontraba al borde del orgasmo. Un par de sacudidas más, solo un par serían suficientes y así fue. Mis muslos apretaron su mano súbitamente. Fue un placer que me paralizó mientras sacaba lenta y suave sus dedos de mi.

El agua caliente seguía cayendo sobre nosotras. Nos levantamos como buenamente pudimos y terminamos de ducharnos...esta vez sí....juntas pero no revueltas.



domingo, 17 de agosto de 2014

Oliver (20)

Aquella última video-conferencia con Mario y el gerente del hotel de Barceloname había sacado de mis casillas. 

No llegaba a entender cómo el "español" podía ser tan cuadriculado algunas veces. Más terco aún que la francesa que escribe estas líneas. 

Las ideas que le habíamos presentado para el hotel de París, eran de lo más innovadoras y sin lugar a dudas , serían muy bien recibidas por nuestros huéspedes más elitistas. 

Cogí las llaves del coche y salí como la pólvora despidiéndome con un "Bonne soirée" a los recepcionistas del turno de noche, que hacía más de un par de horas que habían empezado a trabajar. 

Subí rápido y conecté el Samsung Note al coche para escuchar algo de música ."Last Kiss" de Pink empezó a sonar a la par que subía el volumen e iba cantando dejando escapar en cada frase el "enfado" que me había provocado Mario. En ese mismo instante me alegré de no haber sucumbido a su ofrecimiento y casi imposición de tener un Iphone como cabría de esperar de alguien que trabajase en su  hotel. Por mí podría irse al mismísimo infierno, él y su Iphone. 

Sin apenas nadie en las calles a esas horas, me adelantó una moto à toute vitesse. No pude por menos que poner los ojos en blanco pensando que quien la conducía era "uno más que se quería empavonar un rato". No estaba de humor para juegos. 

Sonreí de manera maliciosa cuando tuvo que frenar en seco en un semáforo y le alcancé. Debió de verme y se giró haciéndome el gesto de la victoria. Le hice un gesto de saludo con cierto rintintín .El semáforo se puso en verde y se fue no sin dejar de mirar atrás. 
Cuando quise arrancar el coche no arracaba.No me lo podía creer!!! Estaba tirada en mitad de la calle y afortunadamente, no tenía nadie detrás. Increíble en París por más tarde que fuese. 

Bajé del coche y abrí el capot tratando de buscar algo, pero si no tenía ni idea de mecánica qué iba a encontrar allí!!. Me pasé la mano por la frente.Estaba cansada de todo el día y ahora esto...Entré de nuevo en el coche y al coger el móvil para llamar a Racc me sobresaltó una voz grave  

  • ¿Puedo ayudarla, Mademoiselle? 

Di un respingo automáticamente (propio en mí) 

  • Disculpe, no pretendía asustarla sino todo lo contrario ¿Puedo ayudarla? 
Allí mismo tenía al motorista que me acababa de adelantar. Le miré de arriba abajo boquiabierta y con los ojos como platos. 
  • Mademoiselle,¿se encuentra bien? 
Mi cara le debió de resultar de lo más divertido por la sonrisa que dibujó. 
  • Disculpe, no esperaba que diese la vuelta tan pronto - dije con una sonrisa maliciosa. 
  • Permítame que la ayude. Llame a la compañía para que vengan a recoger el coche y la llevaré a casa. 
  • Vous êtes très gentil. Esperaré aquí al taxi que enviarán desde el hotel donde trabajo 
  • Me gusta mucho el hotel que dirige Mademoiselle....Declercq 
  • ¿Cómo sabe mi nombre? - Le pregunté con gesto de sorpresa. 
Tardó medio segundo en quitarse el casco y descubrir su rostro. Un rostro que me era familiar. 
  • No pensé que le gustaran tanto las motos y la velocidad, Mr.Steinberger 
Era uno de nuestros más asiduos cliente durante todo el año y en alguna ocasión, habíamos intercambiado algunas palabras. Sobretodo, cuando había organizado alguna de las reuniones dentro de la sala más grande que teníamos en el hotel. 
  • Y ahora que ya sabe quien soy y que no ha caído en manos de ningún maníaco, permítame la lleve donde Ud me diga. 
  • Pourquoi pas? 

Se bajó de la moto y  me proporcionó otro casco. La historia estaba ahora en cómo subir a la moto con la falda corta y estrecha que llevaba. Solo me pasaban estas cosas a mí, pensé. 
Me recogí el pelo para ponerme el casco y me remangué la falda lo necesario para montar detrás de él. Dejaba al descubierto más de medio muslo, pero ahora que le había dicho que si, tenía que seguir adelante. 

  • ¿Preparada Srta Declercq? 
  • Juliette, mi nombre es Juliette. 
  • Oliver. Cójase fuerte que nos vamos. 

Aquello salió con un estrépito que no esperaba. Mis manos que se habían agarrado tímidas a su cintura se asieron fuertemente pegando mi cuerpo al suyo. Su tacto era fuerte, como de una escultura bien tallada. Sus muslos fuertes enfundados en un pantalón de color beige y una camisa blanca. Su perfume terminó por embriagarme.

De cuando en cuando, se giraba para preguntarme si estaba bien sin dejar de mirar lo que mi falda se había empeñado en mostrar.Mezcla de timidez y calentura es lo que sentía a cada segundo que pasaba. 

Su olor y su tacto no tardaron en hacerme reaccionar. Él tampoco se quedó impasible y a la par que se giraba soltaba una mano del manillar. 

  • Non!Ce n´est pas possibles´il vous plaît!! No haga eso que nos vamos a matar. 
  • ¿Qué no haga el qué? - preguntó divertido mientras soltaba las dos manos. 

En ese momento el casco tapaba mi cara de pánico. Sus brazos en alto y yo.... me iba a morir!!! 

  • S´il vous plaît! - grité de nuevo. 
  • Juraría que tiene miedo Srta.Declercq -  dijo divertido , y sus manos se posaron en mis muslos subiendo aún más la falda. 
  • ¿Mejor así? 
  • Creo que está Ud empeorando la situación 
  • ¿Cómo dice? - preguntó subiendo el tono y pisando más el acelerador. 
Se me entrecortó la respiración en ese mismo instante, le cogí con más fuerza de la cintura y pegué mi torso contra él. Si quería guerra, la iba a tener y más después del enfado que llevaba encima. 

  • Su casa está próxima si no me equivoco 
  • Mi casa está en contra dirección, no le he dicho que donde vivo. 
  • Entonces, la llevaré a su hotel - dijo mientras aguantaba el manillar con una mano y con la otra hacía estragos en mis muslos. 
  • No, al hotel no! Mi casa está en girando à gauche en el siguiente cruce. 
Aparcó la moto y bajé no sin dar un traspiés por la altura de los tacones. Me sujetó para evitar que cayese y se quitó el casco. Le imité y moví la cabeza para recolocar la melena, bajando la vista con algo de timidez. 
  • La Srta Declercq no parece tan tímida cuando dirige el hotel. 

Me agarró fuertemente por de las nalgas y me ahogó introduciéndome la lengua hasta la garganta. Una falta de aire que se tradujo en  mi pecho erecto en el calor de la noche. 
Atiné como pude a sacar las llaves y a abrir la puerta mientras no parábamos de besarnos compulsivamente. Empujé la puerta del portal  con el trasero y me recompuse cuando se encendió la luz. Afortunadamente no bajó nadie. Nunca había dado un escándalo en el lugar donde vivía y no querría que fuese la primera vez. 

Ya en el ascensor empezó a desabrocharme los botones de la camisa y yo a soltar con destreza su cinturón. Introduje una mano por debajo, ansiosa, palpando todo tu sexo que no cabía en mi mano. 

Me cogió por la cintura y me apoyo  en la barandilla que había contra el espejo del ascensor. Aprovechando a apresarle con mis piernas rodeando su cintura y acercar su sexo a la humedad de mi tanga. Me podía amoldar a su antojo con la ayuda de un solo brazo. 
Abrí la puerta de casa como por inercia sin dejar de jugar con su lengua mientras me sujetaba la melena hacía atrás. 

Me quité los zapatos mientras me hacía caminar de espaldas presa de sus brazos y su boca hasta que aterricé sobre mi cama. Los brazos hacia arriba, cerrando los ojos, expuesta a aquel alemán que me sacaba dos cabezas. 


Me subió la falda dejando el fino tanga de hilo negro a su alcance y empezó a dibujar círculos con su lengua desde el tobillo hasta el muslo. Se paró un instante que se me hizo interminable.  Pequeños mordiscos que me erizaban la piel. En ese momento no reparé que podrían quedarme unas bonitas marcas que solo podría disimular a base de ir con pantalones. 

Llegando a la altura de mi sexo, apartó el tanga ligeramente con la legua y empezó a dejar un reguero de saliva desde las ingles hasta lo más profundo de mi. Apresé las sábanas entre los dedos fruto de las sacudidas que estaba notando cada vez que su lengua se acercaba, se hundía, humedeciendo lo humanamente inhumedecible. 

Estiré de la almohada y me la lleve a la boca para ahogar lo que podría ser un escándalo Nacional. 

Me erguí un poco, lo justo para llevar mis manos a su cabeza y evitar que se separara de mi sexo, empapado de la mezcla de mis fluidos con el sabor de su saliva. La respiración se me agitaba cada vez que sentía esas sacudidas consecutivas fruto del placer que me estaba proporcionando. Un sinfín hasta que estallé en su boca como un volcán. Se despegó de mí con mis fluidos cayéndole por la comisura del labio. Vino directo a darme de beber lo que era mío. Mezcla de salivas, mezcla de mi....Se sentó sobre la cama, y volví a subirme la falda.Esta vez no era la moto lo que apresaba con mis muslos sino sus piernas, para sentarme directamente en su sexo que con destreza había liberado del pantalón abriendo la cremallera. Encajaba perfectamente. Arriba y abajo, suave, profundo. Respiró hondo, jadeante, rasgando mi blusa y tirando con fuerza el sujetador que acabo de romper. 

Se acercó recorriendo y dibujando mi pecho hasta que se paró y mordió con fuerza uno de ellos. Me hizo soltar un pequeño grito que me empujó a subir la velocidad en el modo de cabalgarle. Los jadeos eran continuos, ambos sudorosos. Sus manos cogiendo mis nalgas y apretándome para sentirnos cada vez más dentro, bebiéndonos como dos animales salvajes.... 

Me cogió del pelo y estiró de él hasta que caí hacia abajo, bamboleando toda mi espalda sin llegar a tocar el suelo. La flexibilidad que tengo me hacía ser manejable y acoplarme en cualquier postura por más inverosímil que pareciese. Continué en esa posición si dejar de moverme hasta que me cogió por el brazo y me levantó en un solo movimiento. Volviéndome a quedar en posición de montar a caballo como una amazona. Me apretó contra él y sentí como descargaba en mi a la par que me contraía de manera intensa y compulsiva. 

Nos miramos fijamente unos segundos, soriéndonos con los ojos como dos niños cómplices de un juego indebido. 

Salí de él y me bajé la falda para intentar recomponerme un poco pero tenía la falda con mil arrugas. Rodeé la cama para recoger los restos de blusa mientras él se subía los pantalones. 

  • Le invitaría a tomar algo Mr.Stenberger, pero es norma de la casa no mezclar trabajo y ocio y esta vez, he sobrepasado el límite. 
  • Un placer, Srta.Declercq. Confío en cambie de idea y mañana venga a visitarme a la 416. Quiero más y cuando lo quiero, lo consigo. 
Sonreí divertida antes de desearle buenas noches y un :  
  • Si aún no lo escuchó en el hotel, tengo fama de terca. Puede coger uno de los maravillosos sofás de la Suite Presidencial y esperarme hasta el año que viene. Si me disculpa, dije abriéndole paso hasta la puerta de entrada. 
Salió pasándose el pulgar por el labio inferior y sonriente. Justo en el momento que iba a cerrar la puerta, me cogió por la nuca y la cintura y me llevo hasta su altura mordiéndome con fuerza los labios. 
  • Definitivamente, Srta Declercq, QUIERO MÁS. 

A la mañana siguiente, al llegar a mi despacho me encontré con un pequeño paquete envuelto en fino papel con mi nombre. 


Iba a preguntar quien lo había enviado pero no fue necesario. A medida que iba rasgando el papel, mordiéndome el labio inferior , mezcla de excitación y curiosidad supe a quien pertenecía. 

Era un precioso conjunto de la Perla con una pequeña nota al lado que decía :  
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"Por los desperfectos que causé conscientemente anoche en su ropa interior, admita este pequeño obsequio, Srta.Declercq , No olvidé que los alemanes también somos muy tercos. 
La espero esta noche en la 416, en el sofá....deseándola infinitamente. 
Atentamente,  

Oliver Sten...no me acuerdo